lunes, 25 de octubre de 2010


(A mi papá)

Como un gato solitario, emancipado
te recuerdo en la vieja salita llena de discos, el jazz de fondo sonando…
invadiendo el espacio en melodias transgresoras galopando a ritmo del corazón.
Tus dedos moviéndose camuflados sobre el destartalado sillón color teja. Ese era tu rincón.
Te veo en la vieja foto que tanto me gusta, junto a una guitarra matrona de utopías que se escapan.
En tus ojos presencio la noche vacía, por sus calles oscuras y húmedas caminan acordes a ritmo de blues en la madrugada.
Hombre de honor, miembro inaudito de la Cosa Nostra. Perro Viejo al que que no engañan.
Soldado de guerras que hicieron historia entre Anibal y Publio Cornelio Escipión (El Escorpión).
Caminas de noche, entras al bar pero no ves muchas caras.
Que pensarás?
Portador de sueños a sus espaldas. Te recuerdo de noche sentado sobre mi cama, hablando de todo, de nada. Complices de manías, de gestos y miradas.
Chamán y curandero, con tus ícaros cerrabas mis parpados consiguiendo que pesaran hasta el más profundo sueño.
Romántico idealista, que no se ha descubierto.
Silencioso y pragmático fiel amigo y bondadoso.
Genial ingenio y talentoso.
Genio grotesco si ha de serlo, codero con piel de lobo.
Gato soltario caminando en la noche, libre, radiante, solo.

A.Benlloch

lunes, 18 de octubre de 2010


Bambamarca

De camino a Bambamarca pasamos por las minas. El paisaje va haciendose cada vez más áspero y los cerros se tornan ocres y rojos. En la combi, todos quedamos callados, observando silenciosos el vasto paisaje que se abre frente a nosotros, doloroso y amargo, como la falta de vida en la tierra desierta que han dejado las máquinas en busca del ansiado oro.
Hacemos una breve parada en Hualgayoc, un pueblo con una larga tradición minera. Dominante, un arco de bienvenida sostiene a sus lados las esculturas de dos mineros trabajando. Uno no llega a comprender del todo la extraña relación de amor que tienen estos pueblos con la minería.
Bajo sus suelos, descansa el oro más cotizado. Los monstruos quieren levantar sus tierras sacando de allí a sus pobladores. Arrebatándoles de sus hogares les mienten con una nueva ubicación con mayores oportunidades.
La gente, en su pleno derecho, no quiere moverse de sus viviendas. Ahí está su tierra, el lugar donde nacieron y donde han crecido sus hijos.
Como castigo por sus caprichos, la empresa minera sabotea al pueblo dejándoles sin agua y los mantiene sin energía. Con un grupo electrógeno prestado se apañan y cada mañana, ciudades como Bambamarca les mandan barreños de agua.
Llegamos de noche, el pueblo está lleno de vida. En la plaza la banda local ensaya sus canciones. Pronto empezarán las fiestas y pasacalles.
Una gran pileta sin agua se levanta ostentosa en su centro, y en los jardines, los arbustos forman figuras que nadie comprende.
Nos encontramos con muchos jóvenes campesinos que vienen de otras comunidades. Viven en la escuela tres días para poder ayudar en sus casas el resto de la semana.
La escuela es también su hogar. Allí aprenden a trabajar todos en comunidad, mientras unos labran la chacra, el resto limpia y alimenta los animales. Almuerzan todos juntos con los alimentos que ellos mismos recogen.
No solo aprenden matemáticas o historia, aprenden de la amistad y el respeto. Se ayudan y cuidan entre ellos. Se les enseña a escribir bien pero también un oficio que trabajan con sus manos. Por primera vez, vemos una educación que se adapta a las necesidades de su pueblo.
Aprendemos el arte de hacer sombreros. Vilma nos abre las puertas de su casa, todos en su familia trenzan, de generación en generación se transmiten los conocimientos de un trabajo que va más allá de las tradiciones.
Al principio nos confiesa que ya no quiere seguir los pasos de su familia. Cuando era niña le gustaba mucho trenzar, ahora, prefiere seguir estudiando sin tener que hacer más sombreros.
El documental es un proceso de busqueda en ella, el último día nos confiesa que ya no piensa igual. Sabe que estudiar no está desligado a trenzar. Ama la labor de su familia y lo que este complejo y hermoso arte representa para ella.
Nos cuentan que hay minas abandonadas en las cuencas de los ríos que se sigen contaminando con los residuos que desprenden estos pasivos ambientales. Ya no hay pescado del que alimentarse ni vida alguna en sus aguas. El río Llaucano tiene un color violeta, más abajo, se juntan los dos ríos que llegan hasta Bambamarca.
No salimos de nuestro asombro al ver los colores ficticios de estas aguas que abastecen a las comunidades. Los campesinos ya no saben como luchar.
“Hoy parece que está limpita el agua, aprovechamos ahorita para tomarla” me dicen, yo miro incrédula su color naranja.
No podemos evitar sentirnos extraños bajo el agua cada vez que nos bañamos. Como algo tan puro, puede causarnos tanto temor?
Mientras vemos como el pueblo sufre las consecuencias, las empresas de la Gran Minería siguen impunes en su política de arrasar las cabeceras de cuenca, los pueblos y sus riquezas.
Tras una intensa semana de intercambios y aprendizajes, se despiden de nosotros con canciones. Abrazamos a nuestros amigos, con la esperanza de encontrarnos de nuevo. Junto a ellos, dejamos todas nuestras energías y apoyo, en esta lucha llena de necesidad y búsqueda de justicia.

A.Benlloch

domingo, 17 de octubre de 2010


Un año

Hace un año, me subí a un autobús colmada en lágrimas dejando atrás una historia que hacía tiempo había terminado. Con el corazón en la mano y llena de dudas salí de la estación de Retiro en Buenos Aires y crucé el desierto de Atacama rumbo a Lima.
Unos meses atrás, nunca hubiera imaginado el giro que iba a dar mi vida.
Todo empezó aquella noche, cuando por cosas del destino, terminé en esa fiesta en la que no conocía a nadie.
Por algún motivo que mi estado de embriaguez entonces no me permite recordar, comenzamos a hablar.
Dos desconocidos, que de pronto se encuentran y tienen más cosas en común de lo que podrían imaginar.
Todo pasó en las escaleras, a escondidas, nuestras manos se rozaron y el universo explotó en millones de átomos girando a nuestro alrededor. Como un colapso gravitacional, me volví más pequeña hasta quedar suspendida en el aire y allí, me besó.
Lo supe desde ese mismo instante, lo supe toda la noche en que hablamos sin parar de nuestras inquietudes y sueños. Todo eso del amor verdadero y las almas gemelas son huevadas, puede ser, pero esa noche yo sentí por primera vez en mi vida, que había encontrado al protagonista de todas mis historias y novelas.
Confusa y afligida me fui sin saber su nombre. Era absurdo que en ese momento fuera capaz de conformarme y que para calmar mi pena me repitiera a mi misma “en otra vida”.
Menos mal que existe la tecnología. Así consiguió encontrarme, entre todas las redes sociales de todas las Albas del mundo, dió con mi facebook. Sin duda, era nuestro destino encontrarnos de nuevo.
No se que locura me llevó a comprar un billete de bus a Perú. Estaba dispuesta a resolver mis dudas y a enfretar mis temores. No fue fácil dejar todo lo que había formado parte de mi esos últimos años.
Siguiendo los pasos del sueño que tuve cuando llegué a Argentina, me embarqué en busca de respuestas.
Hace un año que llegué a Perú, y miento si digo que no ha sido un buen año. Soy tan feliz que a veces aún creo flotar como aquella noche en las escaleras. No solo encontré el amor, también a mi misma.
Lo mejor, es que esto no termina aquí, si no que es el comienzo de una historia a la que aún le quedan muchas páginas por escribir.
Subir a ese autobús, ha sido sin duda, una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

Te amo.

A.Benlloch

sábado, 9 de octubre de 2010

El meu iaio

El 11 de septiembre hizo tres años que murió mi abuelo.
No he vuelto a su tumba desde el día que le enterramos... no se como sentirme ante eso...
Ver una lápida en cuyo interior se amontonan unos huesos putrefactos.... eso, no es mi abuelo, ni lo que queda de él.
Pienso en él a menudo... pienso en todas aquellas cosas que nunca le dije o le pregunté.
Pienso entonces en cuantas cosas se me quedarán por decir el día que muera alguien a quien quiero... El tiempo nunca es suficiente para nadie.... ni siquiera para el silencio.
Han pasado ya tres años.... ya no se ni cuanto es eso... mi vida ha cambiado tanto desde entonces que siento que en lugar de tres años es una eternidad.
Nunca supe en verdad que pensaba mi abuelo, que pensaría ahora de mi....no lo se.
El día que supe cuanto me quería, fue cuando discutí con él, ya no recuerdo el motivo, y estuve unas semanas sin hablarle. El día que aparecí por su casa y me vió entrar por la puerta, rompió a llorar como un niño y me preguntó porque no había ido antes a verle. Me odié tanto a mi misma y a mi orgullo en ese instante...
A veces creo que el estar lejos me ayuda a pensar que sigue vivo... pintando en el taller o paseando por la huerta, quien sabe.
Me pongo a hacer memoria, mi infancia... voy creciendo y a medida que pasa el tiempo los recuerdos se hacen más y más pequeños... no es justo, deberíamos poder acordarnos de todo. De todo lo bueno.
Yo no puedo olvidar el día de su muerte.
Como puedes extrañar tanto a alguien pese al tiempo que hace que se fue?
Si lo tuviera frente a mi, solo unos minutos, otra vez.... le preguntaría que es lo que más echa de menos.
Lo recuerdo postrado en su cama, amarillo, vacío, sin vida. Ese ya no era mi abuelo.
Creo que su alma salpicó el aire en colores, formando abanicos, y se despidió de nosotros volando sobre nuestras cabezas, sonríendo, feliz de vernos a todos juntos, mientras llorabamos su partida.
Lo escucho diciendo “xiquets no ploreu, vaig a estar bé, amb m´ha mare y mon pare”.
A veces me gusta cerrar los ojos y pensar en como era su voz, su olor. Siempre que huelo a tomillo inevitablemente me viene su imágen. Me río sola recordándolo discutiendo con mi abuela, o haciendo alguna de sus bromas.
Siempre que pienso en él, en mi memoria yo también soy pequeña, él es alto y grande, camina rápido con sus piernas flacas y largas. Dando pequeños saltitos como un gato, igual que mi mamá y mis tías.
Que extraña relación la que tengo con mi ciudad. Allí está lo que más quiero, lo que yo fuí y parte de lo que soy ahora. Allí está mi abuelo... sus recuerdos.
Me acostumbré tanto a extrañar todo eso que ya no se tenerlo de otro modo.
El nunca estuvo en Perú, se que le habría gustado conocer su cultura, ver las ruinas, las ciudades y caminar sus sierras. Yo lo siento andar junto a mi en todos mis viajes, veo su luz clara, su energía en todo lo bueno que hago. Aquello que es bueno para mi.
También le daría un abrazo si lo tuviera de nuevo frente a mí, uno por todos aquellos que no le dí cuando estuve cerca, y para recordar los que si nos dimos.
Ay abuelito, cuanto nos haces falta a todos, que buenos serían tus consejos de nuevo.
Nunca fueron suficientes las veces que te dije “te quiero”, a veces son palabras que parecen estar de más. Tu lo sabías, yo lo sabía, que más da.
Si pudiera ahora, cuantas veces las diría.
Te quiero iaio, esta es mi manera de expresar cuanto te extraño.

A.Benlloch

sábado, 2 de octubre de 2010


Luchadora San Marcos

En San Marcos nos topamos con gente irrepetible.
José es un dirigente campesino que vive en Campo Alegre. Lleva toda su vida liderando una lucha más que justa. Las mineras se empeñan en explotar su tierra.
Primero fue Mishki Mayo, también Yanacocha y otros monstruos que ansían el oro que albergan sus tierras.
Para José y los habitantes del Valle, la riqueza no reside en ese mineral amarillo por el que otros países matan. Si no en sus flores, sus árboles y sus cosechas. La fertilidad de sus suelos y la gente que habita en ellas. Sus aguas cristalinas ahora contaminadas por las mineras y los animales de los que se alimentan.
Siempre vivieron de la tierra, en armonía con ella. Entonces llegaron estos señores con sus mentiras y amenazas prometiéndoles un desarrollo disfrazado de disparates. Plata y progreso a cambio de la salud y el asesinato de sus suelos.
El lugar donde uno nace, debería ser el lugar donde uno muere. Les obligan a abandonar sus hogares. ¿Quiénes son ellos que vienen de fuera y les dicen donde pueden o no vivir, o como deben o no hacerlo?
Es incomprensible tanta injusticia e impunidad ante tantas barbaridades. Pero para José y todos aquellos que viven esta lucha día tras día ya es parte de sus vidas. Nos habla directamente a los ojos, la firmeza y serenidad que desprende es sobrecogedora. Cuando lo escuchas hablar, comprendes porqué lo escogieron como su líder.
En esta lucha hay cientos de personas involucradas. El padre Lázaro y las hermanas Victoria y Camila también dieron su vida por aquellos que menos voz tienen.
No podemos creer como después de tantos años luchando siguen sin agotar sus energías. Despliegan una fuerza tan mesurada que asusta.
Pese a las dificultades y desencantos siempre lucen una sonrisa en sus rostros. Inagotables, incansables. Victorinha, tan chiquita y tan grande.
Los jóvenes también sufren estas injusticias y quieren que su futuro no se vea impuesto por otros. Hablan con rencor hacia la mina, pero sin dejar que estos odios justificados, ennegrezcan sus puntos de vista.
Acá la gente es sabia, saben como han de trabajar y enfrentarse a los monstruos sin darles motivos para engrandecer su hambre, si no acallándolos poco a poco. La lucha es lenta, agotadora, pero da sus frutos.
En San Marcos, como en todo Perú están en campaña electoral. Las pintas y carteles con frases prometedoras y absurdas empantanan todas sus calles, como un circo de payasos, estos políticos se alzan grandiosos con brazos y manos en alto, como si de dioses se tratase. De fondo, se escuchan una y otra vez sus intenciones a través de un megáfono malogrado. Como la banda sonora del pueblo que te acompaña durante el día.
Algunos candidatos hacen campaña a través de la compra. Van hasta los lugares más pobres acompañados de un séquito de vampiros sedientos regalando polos y gorras. Dando cerveza a los aldeanos y entregando porciones de comida con sus dedos manchados. Los mantienen contentos con regalitos, y callados a través del chantaje.
San Marcos no es muy grande, los más jóvenes terminan por emigrar buscando fuera nuevas oportunidades. El pueblo se queda lleno de ancianos con historias tristes, donde la soledad y el abandono envuelve sus rutinarias vidas. Se juntan día tras día en un comedor donde una joven profesora les prepara el almuerzo con un amor que asombra. Ella también es una luchadora. Dejó de lado su carrera por una misia propina cuidando a estos viejos olvidados en un mundo donde ya no hay lugar para ellos.
Nos vamos de San Marcos con el espíritu levantado. Llenos de nuevos amigos que merecen todo nuestro respeto. Ojala hubieran más como ellos.

A.Benlloch

jueves, 30 de septiembre de 2010


Mágica Chetilla

Chetilla nos recibe de noche, bajo sus luces opacas y sus luciérnagas innundando de destellos las calles más oscuras. Ubicada entre cerros, descansa humilde y silenciosa.
Son las 5:40 am. El lechero llega con los porongos vacíos, las mamachas esperan con sus valdes de leche fresca. Hoy Alicia venderá tres litros a ochenta céntimos cada uno.
Chetilla es un pueblo pequeño, aunque sus tierras se expanden hasta donde ya no alcanza la vista.
Hablan de pobreza extrema, algo que no deja de sorprendernos. Nos cuestionamos como en un lugar tan hermoso y tan lleno de riquezas pueden existir tantas carencias.
Durante el día el sol abrasa sin remordimientos, y a la noche, el viento recorre helado sus calles de tierra y piedras.
Chetilla es una comunidad de mujeres. Celosas de sus costumbres, caminan por sus calles hilando. Sus vestimentas llenas de colores despuntan en el marrón adobe de las casas. Con la rueca en la mano sus dedos trabajan sigilosos la lana en un trabajo mecánico y perfecto.
No solo tejen, llevan la casa, el ganado, trabajan en la chacra y los comercios. cargando a sus hijos a la espalda, envueltos en killas haciendo todo, o de todo un poco.
Casi no hay hombres, nos preguntamos si estarán en la chacra o quizá bajarán hasta Cajamarca para trabajar. Entonces nos enteramos de cual es la realidad. Chetilla, es un lugar de mujeres.
Estos días están de fiesta. Hay mercado, concurso de hilanderas y fútbol. Las mujeres siguen trabajando. Se celebra la caravana folclórica en la comunidad. Sobre la vereda un hombre duerme la mona y el resto toma hasta el amanecer celebrando la magia de ser varón. Rosita nos cuenta entre tímidas risitas que los hombres son malos, pero acá, es mejor eso que nada. Si uno no aparece a la cita “estará borrachito” comentan.
El pueblo se llena de faldas y sombreros, en el encuentro sobre la alfabetización, la lucha está a cargo de las mujeres, su carácter refleja la dulzura y la fuerza del trabajo.
Entramos en la municipalidad y encontramos a varios hombres trabajando levantando ladrillos de barro y cargando sacos de madera. Cuando llega la tarde casi puedes tocar las nubes, sus prados se expanden amarillos y verdes bajo nosotros.
En lo alto del cerro, la escuelita reposa silenciosa y a medio construir. Un solo docente por colegio, internos en una educación occidental que pocas veces tiene que ver con sus propias realidades. Con el quechua olvidado en las aulas los más viejos mantienen viva su lengua en los hogares.
Profesores, niños y adultos participan en los talleres. Cada cual tiene una historia para contar. Las hilanderas de Chetilla, Alicia y los recuerdos de una anciana que revelan que el cambio de los años, no pasa en vano para nadie.
La hidroeléctrica es el mayor logro que la comunidad ha logrado. Con el esfuerzo de sus propias manos y el trabajo de la minga, la faena comunitaria, ahora gozan de energía desde hace más de nueve años.
Ahora ya saben que tienen voz y pueden hablar.
Con nuevas expectativas y muchos abrazos nos despedimos de aquellos que han sido nuestros compañeros y amigos durante la semana.
Ojala no pase mucho tiempo hasta que podamos regresar a este lugar de colores, mujeres y cielos hermosos.

A.Benlloch

jueves, 2 de septiembre de 2010


La Shicuana

Chamis nos recibió acogedora y silenciosa. La escuela de primaria IEN82848 es nuestro centro de operaciones, junto a nosotros, un pequeño y colorido cementerio nos acompaña día y noche con sus cruces burlonas asomando sobre nuestras cabezas.
A más de 3000 metros de altura, Cajamarca se abre extensa bajo nosotros.
Solo unas pocas casitas y unas cuantas ovejas y vacas pastando pintan los prados de La Shicuana, donde nos encontramos.
Cuando llega la tarde la escuela se innunda con el olor de los eucaliptos y el sonido de los chicos saliendo gozosos de sus clases.
Chamis es un lugar hermoso, con gente tímida y generosa, vestida con trajes colmados de colores y tradiciones latentes. Curiosos observan a los “gringos” que rondan por sus calles durante la semana.
Los primeros en llegar son los más chicos que temerosos nos sonríen y nos observan murumurando entre ellos. Vienen caminando desde el centro poblado de Chamis, a poco más de una hora, tan solo, a la vuelta del cerro frente a nosotros,
Entre la gente que partcipa en los talleres, encontramos también adultos del caserío y algunos profesores. Algunos llegan desde Cajamarca, Chamis y otras localidades.
Desde el más chico al más grande, todos tienen cientos de historias para contar.
Dispuestos a empaparse de todo, nos escuchan y nos miran atentos. Solo bastan dos días para tomar confianza con ellos y empezar a jugar.
La mayoría, nunca han visto o tocado una cámara o una computadora, pero no dudan a la hora de experimentar.
Nuestra llegada a este lugar, ha sido un golpe de realidad. Chamis siempre vivió de la agricultura; trigo, papa, maíz y olluquito. Pero últimamente no llueve mucho, parece que el agua se haya olvidado de esta tierra.
Nos cuentan que los niños se quedan solos durante el día, sus papas bajan a Cajamarca para trabajar y no regresan hasta la noche.
Como un lugar olvidado, en La Shicuana no hay internet, aunque Cajamarca se encuentre a tan solo media hora a pié.
Entre los temas escogidos por los talleristas, está el quechua y todo lo que rodea a esta enigmática lengua. Ahora, solo los más viejos mantienen su idioma, ni los chicos ni sus papas ya lo quieren hablar, para eso tienen un castellano impuesto.
Ya son pocas las comunidades acá en el norte que conservan tímidamente el quechua como su idioma natal.
No podemos evitar sentirnos extraños en nuestra propia tierra… a tan solo trece horas de diferencia en bus, parecemos estar en otro planeta. Estas diferencias nos enriquecen pero nos desconciertan. Cuando la gente de la comunidad nos pregunta de donde somos, Lima parece ya otro país.
El Segundo día, decidímos que no teníamos nada mejor que hacer que perdernos por el cerro cuando regresábamos de Cajamarca tras una ducha rápida y necesaria, después de casi dos horas por angostos caminos llenos de piedras y agujeros, conseguimos llegar asados a nuestro pequeño hogar, La Escuelita IEN82848.

A.Benlloch