miércoles, 14 de abril de 2010

Milonga

Valeria observaba como los bailarines daban vueltas en el centro de la sala. Esperaba aburrida con el mentón apoyado en su mano que alguien la sacara a bailar. Cada poco pegaba un sorbo de martini y jugueteaba con los pedacitos de hielo derretidos que quedaban. Acababa de comenzar la siguiente canción, las parejas se iban incorporando mientras otros extenuados por el cansancio esperaban la siguiente balada. Siempre acompañados y brindando dichosos mientras Valeria imaginaba cuales eran los motivos de su felicidad.
A medida que avanzaba la noche las mesas se quedaban vacías. Los danzantes descargaban sus últimas energías a ritmo de música, abrazos en pareja, convertidos en un solo ser cuando los sentidos se perdían tras el alcohol y la madrugada.
El licor comenzaba a hacer estragos en su sangre, los sonidos se precipitaban desde el interior de su cabeza hasta los dedos de sus pies moviéndolos rítmicamente. Se incorporó mareada sujetandose a duras penas sobre la mesa y con los ojos cerrados dejándose llevar al centro de la sala empezó a dar vueltas y más vueltas sobre si misma. De pronto sintió unos brazos rodeándole la cintura y el calor de un cuerpo acercandose al suyo, pegó su mejilla a la suya y sintió como la barba de unos días arañaba la piel de su rostro. El sudor de la noche se mezclaba con el aliento húmedo y ebrio de sus labios. El cuerpo extraño la arrastraba por toda la pieza, sus pies eran el mismo y sus cuerpos se fusionaron en una sola materia. La canción llegó a su éxtasis en un delirio mutuo que hacía volar sus cuerpos sobre el resto de los bailarines.
Ya no daban vueltas, era el mundo el que giraba alrededor de sus cuerpos mientras ellos solo permanecían abrazados en silencio.
La canción llegó a su término y mientras escuchaban como las voces se perdían en la distancia y los meseros recogían ellos continuaban abrazados, en silencio y con los ojos cerrados... no necesitaba ver su rostro para sentir que era el amor de su vida. Un tambaleo en la espalda la despertó de pronto, con las marcas del reloj en su rostro y el maquillaje corrido en sus ojos alzó la pesada cabeza mirando exhausta a su alrededor. Los vasos de martini vacíos se amontonaban frente a ella, y la sala vacía y silenciosa había encendido sus luces.
Señora ya vamos a cerrar - Valeria sentía la boca espesa por el alcohol y el tabaco. - Donde está? - preguntó abatida.
- Discupe, quien?
- El hombre que bailaba conmigo - dijo aumentando el tono de su voz
- No he visto al hombre del que habla, pero quizá se fue antes de que despertara - el joven intentaba consolar a Valeria con sus palabras. La ayudó a incorporarse y la acompañó en silencio hasta la salida.
- Quizá tenía prisa - Sus ojos brillaban esperanzados- la próxima semana... quizá regrese...
- Seguro señora - le respondió el mesero y se despidió con una sonrisa.

A.Benlloch

lunes, 29 de marzo de 2010

Los que cayeron por la libertad...

Mi bisabuelo, y todos los bisabuelos de todos los hijos, nietos y bisnietos que cambiaron el arado, el pincel o el martillo por el fusil... que dejaron tras miles de lágrimas a sus familias por lanzarse al monte y al frente a luchar, por la libertad de un país que había sido amenazado y corrompido por el fascismo.
A mi bisabuelo le obligaron a cerrar la boca y dejar de hablar en su idioma porque era un delito, le obligaron a dejar de escribir poesía, a dejar de pintar y a dejar expresarse en plena libertad.
Exclavo o libre? los que optaron por negarse a sucumbir al opresor dieron su vida por sus ideales, para que España fuera un país libre y donde todos fuesemos iguales. Donde los ricos no fuesen ricos ni los pobres pobres, si no todos iguales. Donde la última palabra no la tuviera un dios, ni un rey ni un tirano. Si no que la voz perteneciese al pueblo y que el pueblo escogiese el rumbo y el camino a tomar.
Hoy lloro al pensar en mi bisabuelo, y en lo triste que estará al ver que todo por lo que luchó no sirvió de nada... que todo por lo que lucharon los millones de españoles que dieron su vida por la libertad no ha servido de nada...
Lloro al pensar lo tristes que estarán todos aquellos que en todas las revoluciones del mundo dieron su vida por nada....
En mi país hablan de democracia, hablan de libertad de expresión.... hablan de verdad. Yo sinceramente pienso que no saben de lo que hablan. Cuando todo un pueblo decide que no quiere ciertas cosas y no se le escucha no hay democracia. Los españoles no quisimos la OTAN, no nos escucharon. Los españoles no quisimos tomar partido en la masacre que EEUU originó en Irak, no nos escucharon. Los españoles no quisimos ni entendimos la ley de inmigracion, no nos escucharon ni nos informaron. Los estudiantes españoles no quisimos el plan Bolonia, no nos escucharon.... nunca nos escuchan. Y aún así, pese a todo nos quedamos de brazos cruzados cuando se pasan por "el forro" nuestras demandas y peticiones porque el pueblo, ni tiene voz, ni tiene voto.
Hablan de democracia porque podemos votar a aquellos que nos van a gobernar... y la basura que nos ofrecen nos limita a la dictadura. Hablan de crisis en mi país y seguimos manteniendo a una familia "real" cuyas vidas están por encima de las posibilidades de cualquier español.... o al menos de la mayoría.
No puedo comprender que haya gente en mi país que quiera privatizar lo único que tenemos verdaderamente maravilloso en España, la sanidad y la educación. Ya lo están consiguiendo, ahora todos los estudiantes vamos a estar hipotecados de por vida, no tuvimos suficiente con el boom inmobiliario. Lo próximo será pagar para que te operen, y si no puedes, pues te mueres, Como ya sucede en otros países. Total, que más les da a los que verdaderamente toman las decisiones.... ni a ellos ni a sus hijos les faltará nunca una buena educación en los mejors colegios privados ni un doctor dispuesto a curarle todas las enfermedades.
Hablan de libertad de expresión, cuando los medios de comunicación públicos dependen totalmente del estado de turno, donde lo único que importan son las vidas de la farandula y donde la gente que tiene algo verdaderamente interesante que decir es censurado porque no conviene mostrarlo, no sea que despierte el interés de alguno cuya masa cerebral permanece atontada con tanto gran hermano y porquerías. Hablan de verdad cuando las únicas noticias que dan de otros lugares del mundo, solo son de guerra y miseria, mal contadas o trasgiversadas, y no hablan de las posibilidades de un mundo diferente, ni de los cambios productivos que se están generando de mano de personas que creen que un mundo mejor es posible y que no se dejan engañar por las patrañas del poder. Personas que luchan por nadar a contracorriente en esta inundación de capitalismo y mercado. Hablan de verdad y paz cuando en otros países se están matando con las armas que España les ha vendido.
Mi bisabuelo, y a todos aquellos que dieron su vida por unos grandes ideales, por unos sueños no tan utópicos, nos enseñaron que la lucha si merece la pena cuando se trata de vencer las injusticias... Un mundo igual, sano y justo no es tan inalcanzable, tan solo depende de nosotros conseguirlo, de ser capaces de mirar a nuestro alrededor y ver un poco más allá... de exigir que se nos escuche, hasta lograr ser escuchados. De mostrar sin cansancio nuestra insatisfacción y creer en nuestras posibilidades. Porque a diferencia de todos aquellos hombres y mujeres que cayeron por la libertad y creyeron que si era posible cambiar el mundo, nosotros no tenemos necesidad de tomar un fusil ni subir al monte a pegar tiros. Disponemos de otros medios a nuestro alcance, la nuevas tecnologías, utilizadas para hecerle tanto daño al planeta, también sirven para lograr cosas increibles, generar cambios, movimientos, inquietudes, informar de todo aquello que nos desinforman y armar una revolución tan grande que asusta... solo está al alcance de nuestros dedos.
No nos crucemos de brazos, no nos quedemos callados, ni olvidemos a nuestros bisabuelos, abuelos o padres, que lucharon hasta quedar afónicos. No dejemos que se esfumen esas palabras que quedaron sin voz... porque ahora la voz es la nuestra y el poder del cambio solo depende de creer en nosotros mismos y de una palabra, solamente decir "SI".

A.Benlloch

lunes, 22 de marzo de 2010

Ciudad enrejada

Lima es una ciudad enrejada. Rejas forjadas con mentiras, con desigualdad y clubs o playas privadas. De empleadas y explotación, de miserias, hambre y corrupción. Ciudad enrejada donde sus parques, mantenidos con la plata de todos son ya propiedad de pocos. El estado hace promesas, justifica su ayuda en mantener el verde verde y las flores rojas mientras a escasos metros la gente vive bajo techos de ojalata.
Quienes salen perdiendo son los más chicos, sin muchas oportunidades miran sin mayor esperanza a un futuro incierto, futuro que ya les está escrito por otros que ya decidieron por ellos. Mejor tenerlos en la calle vendiendo o esnifando terokal antes de que sean conscientes de su realidad y se les pueda dar la oportunidad de luchar.
Lima es una ciudad enrejada, llena de casas protegidas ante el miedo generalizado, enrejada tras las plazas hechas para ser vistas pero no disfrutadas. Donde las personas parecen haber asumido que así son las cosas, que tienen que obedecer lo que absurdamente se impone, pero que nunca se comprende. Donde te puede tocar nacer de un lado o de otro y que solo depende de la suerte.
Lima es una ciudad enrejada, dividida en barrios que categorizan tu estaus, donde un muro separa las casas ricas de las pobres, un muro que divide en dos mundos la ciudad... porque acá los ricos son ricos, y los pobres son pobres de verdad.

A.Benlloch

martes, 9 de febrero de 2010

Recuerdos de metal

De pronto recordó su cofre. Un joyero de metal que le regalaron en su noveno cumpleaños y donde guardaba todos sus secretos. Se subió a una silla y allí sobre el último estante y cubierto de polvo, se encontraba su viejo cofre desteñido y lleno de recuerdos. Encogió hasta convertirse en esa niña introvertida, rolliza y soñadora que algún día fue y que ahora tenía entre sus manos el mayor tesoro que podía imaginar. Toda una vida guardada en una pequeña caja olvidada durante años que había sido descubierta por algún motivo que estaba a punto de averiguar.

A.Benlloch

viernes, 5 de febrero de 2010

Una horrible pesadilla

Cuando despertó se dio cuenta que todo había sido una horrible pesadilla.
Se secó la frente de sudor con el borde de la sábana y palpó la mesita de noche buscando sus gafas. Se dirigió arrastrando sus pasos hasta el baño y al encender la luz gritó de horror al ver su cara con dos ojos y una boca llena de dientes.
Volvió a despertar empapado en sudor y corrió al baño. Mojó su cara, peinó sus puas y bebió unos sorbos de agua con su trompa. Tan solo había sido una horrible pesadilla.

A.Benlloch

jueves, 4 de febrero de 2010

El monstruo del armario

Todo estaba tan oscuro que no podía ver nada, tan solo escuchaba la madera resintiéndose bajo sus pisadas y el sonido de su respiración entrecortada.
De pronto escuchó lo que parecía un gemido. O había sido una tos? Fuera lo que fuera, alguien más estaba en la habitación.
Entonces lo vio. El monstruo se escondió aterrado en su armario cuando descubrió al niño durmiendo en la cama y ya nunca más salió.

A.Benlloch

martes, 5 de enero de 2010

"La prisa mata amigo"

Cada vez que subía al transporte público de cualquier ciudad de España terminaba enojada con el funcionamiento del servicio. Nunca comprendí el mal humor de los trabajadores de la EMT por ejemplo. Ni la subida constante de los precios. El retraso, las esperas, la decadencia de muchos de los antiguos vagones del metro. Ni qué hablar de algunas empresas de transportes entre ciudades... creo sinceramente que en nuestro país, la paciencia es una virtud que escasea bastante en cuanto a estas cuestiones. Cuando en Cuba esperé durante tres horas cargada con mi maleta, a las afueras de la ciudad y en medio de una carretera sin saber si quiera si ese día tendría la suerte de que pasara, o mejor aún, parara algún autobús, entendí la importancia de tomarse la situación de la mejor manera posible. Al fin y al cabo, enfadarse, no haría que las cosas sucedieran de otro modo. Al final comprendes... simplemente es otra filosofía de vida, esperar... no te queda otra.
Siempre comparaba Madrid con Valencia... me parecía una ciudad caótica, asfixiante, oscura... demasiado tráfico, demasiadas prisas. Cuando llegué a Buenos Aires, Madrid se había convertido ya en mis recuerdos en una ciudad pequeña y tranquila. Pero fue en Lima donde todos mis esquemas de organización que hasta ahora había conocido se desmoronaron por completo.
¿Cómo puede ser que en medio del caos que reina en esa jungla, la gente viva tan tranquila? Durante mi primera semana allí prácticamente no podía cerrar la boca de asombro. Nunca he visto conducir a nadie en ninguna ciudad como allí. Sería lo mismo si no hubiesen señales de tráfico. Jamás había estado metida en un autobús tanto tiempo parada porque a un guardia de tráfico se le olvide dejarte pasar. Subir a los autobuses es una autética odisea.... es imposible saber cuál va a cada lugar, para eso están los cobradores colgados de la puerta gritando las calles... sin duda lo mejor, es correr detrás del micro y engancharte al vuelo.
Una vez en Cliclayo, llegué a ver como dos cobradores estiraban cada uno para sí, los bracitos de una niña y su madre por subirlas a su combi. Ni siquiera he hablado de la aventura de viajar en una combi.... Mi asombro, no solo era de incomprensión, si no de curiosidad e incluso a veces de diversión.
Entonces, pensaba en las veces que había considerado a España desorganizaba.... y lo lejos que veía todo aquello de la realidad que se vive en muchos lugares del mundo.
Hacía más de un año que no subía a un autobús de mi ciudad. Pagué, me senté... y durante todo el trayecto solo pensaba en como sería mi viaje de camino al centro subida en uno de esos micros. Nunca vi un lugar tan frío como aquel, y como extrañé de pronto todo ese caos del que sin darte cuenta llegas a depender.
Pese a todo... y principalmente a nuestra falta de paciencia en muchas ocasiones... sigo pensando que el carácter de los obreros del transporte público en nuestro país, deja aún bastante que desear... quizá deberíamos aprender a ser más tolerantes, más pacientes y permisivos. Como dicen en Marruecos.... "la prisa mata amigo".

A. Benlloch