martes, 26 de abril de 2011


De valencià i quechua


La primera vegada que vaig llegir el poema del meu iaio, no pugui entendre tot el que volia dir. Parlava del meu poble, que també va ser el seu, de les flors, de'ls colors i de les dones. Fa massa temps que vaig llegir eixe poema, hui, tampoc entendria les mateixes coses que abans foren un altre idioma per a mi. El que a mi me queda del meu idioma, son tan sols les migages d'una societat còmoda que perd el seu propi llenguatge. Quan vaig escoltar de primera veguada a la gent del Perú parlant en quechua, vaig sentir una estranya connexió. Que lluny sentí que estava de la meua terra. Vaig comprendre de sobte que tenia més en comú de lo que aparentment pareixia amb eixes dones ataviades en faldetes de colors i capells de llana. Darrere del to de la pell o els traços de la cara estan l'amor i les pors. Elles parlaven el seu idioma baix el pes d'un altre impost que els seus antepassats havien aprés a costa d'assots. El meu iaio també va ser obligat a negar la seua llengua.
Aquest va ser el llegat que ens deixaren aquells que intolerants, bufons i egoistes han fet i desfet al seu pas, com si la llengua castellana fora l'única que mereix ser parlada. El Castellà, es ara el meu idioma també, i també es l'idioma de quasi tots els pobles de L'Amèrica Llatina, però no es l'únic i d'això pareix que l'obliden alguns. El valencià, com el quechua, son llengües cantades, que al oït vibren en melodies tendres i plenes de gràcia. Les paraules que en castellà poden sonar rudes o lletges en valencià com en quechua estan plenes de carinyo. D'una familiaritat que tan sols qui les parla o les entén pot comprendre.
Jo no tic la destrea que tenia el meu iaio per a escriure, ni tan sols parle la mitat de lo que ell volí dir. Tampoc tinc la gramàtica correcta ja que el meu idioma es mes una barreja de paraules castellanes i de Llevant que han terminant formant açò que ara parle. En la llunyania he tornat a amar la meua llengua, les meues costums, la forma de dir que té el meu poble. Jo també soc natiu, indígena de la terra a on vaig nàixer, com eixes dones indígenes que parlen quechua tímidament. També vinc d'una terra que està plena de ferides, silenciada, que pareix que últimament no fa mes que plorar sense res a canvi.
Vesc que el meu poble no te ganes de lluitar. Que la fortalea, la indignació, ja no te espai en el cor de la gent. En la serra i la selva del Perú ni han homes i dones que cada dia ocupen carreteres, se formen i demanen, que no son escoltades però igual barallen per la justícia i per ficar fre als atropellos que patissen, me'n recorde d'aquells homes que fa temps varen deixar sues terres valencianes per la emancipació de tots el pobles, treballaors i lliures de mentides, de possessions, plens d'esperança i sense pors.
Ara la gent te massa por, te massa vergonya. Com jo, de parlar mal el meu idioma, de escriure, de canviar.
El meu iaio parlava de coses boniques, del olor de la terra, de l'horta al es-començar l'estiu, de les mascletades i els menjars valencians. Jo no puc parlar d'eixes coses quan lo que sent es indignació, l'amor d'una terra que indiferent veu com se perden les seues costums a canvi d'una falsa modernitat que ens venen aquells que fan fortuna amb les nostres desgracies, la incomprensió i la ceguera d'un poble que no veu lo pareguts que som amb els altres pobles del mon i lo important que es respectar-mos i deprendre dels demés.
Si tan sols les persones foren capaços de vore lo pareguts que som i la riquea
que tenen les nostres diferències, potser, tan sols, el mon seria un poquet millor.


A.Benlloch

lunes, 4 de abril de 2011

La peluquería de Maruja


Todas le llaman Maruja, aunque su verdadero nombre es Maria de los Desamparados.
Desde hace más de 20 años peina cabellos, hace mechas y corta flequillos. Tiene su pequeño negocio en la Calle Montera de Madrid, junto a una joyería y una tienda de regalos y tarjetas.
Su peluquería es chiquita, siempre le ayudó Candelaria, que no es peluquera. Antes fue prostituta.
Dejó el negocio gracias a Maruja, a quien conoció en la peluquería. Todas las chicas del barrio la conocen.
Ella peina sus cabellos y las deja listas para una noche de carrera. Maruja abre hasta tarde, así puede conversar con ellas.
Sasha es de Moscú, llegó hace un par de años a Madrid, tiene el cabello largo hasta la cintura y oscuro, es tan delgado que casi parece flotar. Le gusta como Maruja logra darle volumen, se parece un poco a Anni Lyngstad, la cantante de ABBA.
Sheila es española, nació en un pueblo de Sevilla, pero vino a vivir a Madrid cuando aún era pequeña. Le gusta recordar la casa donde vivió de niña, siempre habla de regresar a su pueblo, nunca le gustó la ciudad, pero en Madrid se gana más.
Rosario y Camila vienen de Colombia y El Salvador. Rosario es habladora, siempre habla de sus hijos y el momento en que volverá a verlos. Juan Carlos tiene catorce años y Alejandro seis. Quiere traerlos de Medellín, pero espera dejar antes las calles. Maruja le ayuda a escribir cartas para sus hijos donde cuenta que trabaja en un almacén. Cose chompas y casacas, siempre se le dio bien tejer.
Camila no habla mucho, ninguna conoce su historia, lleva poco tiempo en Madrid. Rosario se hizo su amiga y la lleva donde Maruja. Allí se sienta en la silla, pero no se deja hacer nada en la cabeza. Siempre camina con su trenza. Solo para trabajar se suelta el pelo, que es largo y grueso.
A medianoche cierra el negocio, las chicas salen a la calle y se colocan en sus puestos. Se despiden hasta mañana, fuera de la peluquería la competencia es exigente.
Solo cuando suben a un carro se miran y sonríen.
Maruja abre a las 9. A las horas empiezan a llegar las primeras.
Allí no son prostitutas, solo mujeres; hablan, se ríen y se peinan el cabello.


A.Benlloch

martes, 29 de marzo de 2011


La vuelta al mundo


Desde que tengo memoria he querido hacer muchas cosas en mi vida, cambiaron algunos de mis gustos, he pasado por cientos de etapas y he conocido a tantas personas que me es imposible recordarlas a todas.
Pero hay algo con lo que siempre he soñado y sigo deseando con el mismo afán que de niña: dar la vuelta al mundo. Y no hablo de subirme a un globo como Willy Fog para regresar en 80 días. Siempre me imaginé mochila al hombro, encima de los trenes o haciendo dedo en alguna carretera de la Pampa. No se si influenciada por los libros que leía o por algunas películas, pero siempre, vi el mundo, como un lugar demasiado inmenso, demasiado hermoso y demasiado sorprendente como para dejarlo pasar.
Nací en un pueblo pequeño y tranquilo bañado por el Mediterráneo, donde casi todos nos conocemos o somos familia, lo que me dio mucha libertad desde pequeña. Aunque la belleza de los cielos valencianos, de sus huertas y bosques nunca fueron suficientes para mi. De algún modo, siempre me sentí asfixiada por ese lugar.
Mis primeros viajes solo fueron pequeños piqueos de un plato que estaba aún por cocinarse. Solo cuando crucé el charco sola, con mi mochila a la espalda y el dinero justo de tres meses de trabajo intenso en mi bolsillo, sentí que empezaba a volar de verdad. No es fácil llegar a un país extraño sola, llena de miedos y sin saber muy bien que puede pasar. Cuando lees libros de aventuras todo parece mas fácil y accesible. Solo con el tiempo comprendí, que la verdadera magia está en la vida real.
Cuando viajas siempre crees de un modo u otro que has de regresar. La tierra tira demasiado fuerte, y así fue por momentos, los mas difíciles. Cuando estas enferma, cuando estas triste o te sientes sola y no hay nadie a quien abrazar. No es fácil hacer amigos, amigos de verdad, de esos con los que no hace falta justificarse porque te conocen tan bien que las palabras están de más. Cuanto mas tiempo pasas lejos, mas frío se vuelve el dolor.
Es duro separarse de las personas que amas. Alejarme de mis padres, de mi hermano, de mis amigas, de mis abuelas, de mis primos, de mis tíos y de mis perras, es la decisión más difícil que he tomado en mi vida. Y es algo que sufres cada día, que de algún modo pagas porque nunca sabes que puede pasar y el tiempo que no estás con ellos es tiempo que no voy a recuperar nunca. Pero esto, es algo en lo que intento no pensar.
Viajar es como respirar para mi.
De niña escuché muchas veces la frase "ya cambiaras tu forma de ver el mundo cuando crezcas", pero esto, es algo que nunca se te va. Lo que tengo claro, es que yo jamás le diré algo así a nadie. Que a muchos adultos se les haya olvidado soñar no significa que a todos nos tenga que pasar lo mismo.
Ahora de nuevo, siento que el mundo gira y gira, que me llama como cuando devoraba los libros o me sentaba en la terraza viendo las luces del mar. Soñando con llenar mi mochila y volar, con subirme al techo de un tren o hacer dedo en la pampa.
El tiempo que haga falta, que el mundo es muy grande, y darle la vuelta entera puede ser un viaje muy largo.
Pero no tengo prisa. Tengo aún toda la vida por delante.


A.Benlloch

lunes, 28 de marzo de 2011

Dolor de cabeza


Al final no pude soportarlo más y rompí a llorar a lágrima viva, como si la vida me fuese en ello. Grité y lloré hasta que mis ojos se quedaron secos y me dolió la cabeza por el esfuerzo.
Ultimamente me duele mucho la cabeza. Llego a casa y me siento cansada, agotada moralmente. No se si es por la regla, la paliza de toda la semana o el machaque mental que llevo con todo lo que escribo, leo y discuto sin parar todo el tiempo.
No se si me estoy volviendo loca, pero cada vez entiendo menos al ser humano.
Me sentí tan triste que pensé que iba a durar toda mi vida, a veces soy una catastrófica exagerada.
Por momentos envidio a esas personas que son capaces de vivir ajenas a todo lo que les rodea, sin importarles que haya otros en el mundo jodidos mientras nosotros estamos bien, más que bien, de puta madre diría yo. No es malo vivir tu vida, pensando en ti mismo y lo que te hace feliz. Claro que no es malo, sin embargo, es tan egoísta, egocéntrico e individualista, que me llegan las personas así. Que le voy a hacer, no puedo evitarlo.
Ultimamente voy a fiestas y miro a todos los niños de papa que se regodean entre la masa, sonrientes, borrachos, gozándola, como debe ser. Que envidia, yo últimamente me divierto solo a veces.
Siento que estoy enfadada, a veces digo, no siempre, pero cuando lo estoy, me duele la cabeza, y el corazón.
Por eso rompí a llorar, por toda esa gente que nunca llora por los demás. Pero también por mi. Porque siento que por ratos quiero explotar, desaparecer de este mundo asqueroso que no entiendo. Porque no entiendo como hay personas que están tan ciegas, y no hablo de oscuridad, me refiero a ciegas de corazón, y me da mucha pena.
A veces me siento como una estúpida criticando o dando lecciones de vida cuando no soy mas que una persona como todas, a veces egocéntrica, a veces egoísta a veces simplemente, humana.
Me equivoco tantas veces y vuelvo a cometer los mismos errores que ni yo misma lo entiendo.
Que difícil es seguir la línea exacta de lo que defiendes, evitar lo que criticas y cumplir con las grandes promesas. De verdad es muy difícil. Mejor no decir nada no?
No se que pasa con el mundo... siempre hubieron ricos y pobres, claro, yo no se mucho de economía pero no hay que ser muy lista para entender que para que hayan ricos tienen que haber pobres. Cuando entiendes algo así comprendes, que los ricos, no todos, pero la mayoría, nunca va a querer que la situación cambie. Aunque claro, no todos los ricos son malos, ni todos los pobres son buenos... mejor dejar las cosas como están. No sea que por pensar demasiado me empiece a doler la cabeza de nuevo.
Ni siquiera se trata de eso, las diferencias socioeconómicas han existido desde siempre. Yo no quiero cagar plata ni ser rica, solo lo necesario para viajar, comer y pagar mis cuentas.
Sólo es, que no entiendo tantas cosas... Por qué la gente tolera vivir bajo amenazas, con miedo, aceptando mentiras como verdades únicas? Por qué votamos y votamos a sinverguenzas que nos roban en nuestras propias narices, que se ríen en nuestra cara? Por qué ponemos a asesinos y ladrones con plata en los gobiernos y castigamos a aquellos que lo hicieron a costa de una infancia sin oportunidades o educación? Por qué seguimos alabando a reyes, bancos y obispos como si fueran nuestros salvadores? Por qué apoyamos los asesinatos que hacen nuestros gobiernos en nombre de la paz? es tan absurdo... Por qué consumimos productos y marcas que han sido creadas a costa de nuestras tierras o de otras vidas humanas? Por qué seguimos empeñados en creer que la inmigración es mala y que otros quieren robarnos lo que "es nuestro"? Por qué cogemos trozos de suelo y nos adueñamos de ellos? Por qué según tu nivel económico puedes tener una mejor o una peor educación o incluso por qué si no tienes plata no puedes atenderte en un hospital aunque tu vida dependa de ello...?
Todos sabemos que el mundo no funciona bien, que así no son las cosas. Sin embargo así estamos, así seguimos.
Por eso lloro y grito de rabia y me enfado y me desespero.
Por eso, me duele la cabeza todo el tiempo.


A.Benlloch

martes, 15 de marzo de 2011

Las tunas verdes


En Ishua solo quedan cactus, cactus y algunos viejitos que se las arreglan como pueden.
Irene, recoge las tunas que han crecido en los cactus de su chacrita ya medio seca por la falta de lluvias y las va colocando en su cestita, con cuidado de no derramarlas por el suelo y tener que agacharse. Con una pinza improvisada las atrapa, un palo de madera hace de brazo y en la punta, una taza de metal atada con una cuerdita finge ser la mano.
Estas frutas grandes, de piel gruesa y carnosas servirán de cena por varios días.
A lo lejos un par de vaquitas espantan escuálidas las moscas que revolotean curiosas entre sus nalgas. Ya no dan buena leche, pero al menos pronto calmarán el hambre.
Irene es pequeña, arrugada como una pasa y demasiado vieja, se mueve rápido y ríe con facilidad. No le gustan mucho las tunas, pero alimentan y como dice, no queda otra. En Ishua ya no queda nada, más que tunas.
En la sierra del Sondondo las cuatro casitas esperan en silencio que llegue el agua que tarda y que parece haber olvidado el camino de vuelta al pueblo. A varios kilómetros está el río que abastece a Irene y sus vecinos por tres días. Los viejos bajan hasta el valle y cargan sus botellas y baldes.
Otros pueblos se disputan el agua, cada día de la semana pertenece a una aldea. El tacaño líquido no conoce de penas o menesteres.
Los mas jóvenes se fueron a Lima como todos los que huyen de un futuro escrito, sin promesas ni optimismo. Tampoco alcanzaron sus sueños en la urbe, pero al menos no se mueren de sed ni de hambre.
Irene prefirió quedarse en el pueblo. Ya no sabe vivir en otro lugar.
En Ishua no hay agua, tampoco hay comida, pero al menos, las tunas siguen creciendo.
Irene, cruza todos los días el pueblo hasta ver a lo lejos los cactus de cuatro metros que como gigantes verdes la esperan sonriendo.


A.Benlloch

sábado, 26 de febrero de 2011

El Rey de las mariposas


Sus mariposas se venden en todo el mundo. Viajan desde Tingo María a Lima y de Lima emprenden de nuevo el vuelo hacia EEUU, Europa Y Asia.
Sujetas por un alfiler permanecen inertes y coloridas como recién emergidas de su capullo.
Todos en Tingo María le conocen. "Los bichos son mi vida" dice mientras admira una Morpho Menelaus de inmensas alas azules brillantes y cuerpo diminuto.
Salimos por tres días a la selva, listos para grabar y fotografiar mariposas y toda clase se insectos. Nos da alojamiento, comida y transporte.
Dos de sus "chacales" nos acompañan a la reserva. Poco después de entrar cientos de mariposas revolotean entre nosotros. Algunas tan grandes como pequeños pájaros que sin temores, se acercan luciendo sus colores y figuras.
Fue el único día que tuvimos contacto con mariposas.
El último día antes de partir nos asaltan las dudas. Y si simplemente somos una tapadera? una extranjera y dos limeños, jóvenes y con una excusa perfecta; fotografíar mariposas, que regresan cargados de cajas repletas de insectos disecados, cajas cuyo contenido desconocíamos por completo.
Todo tenía sentido para nosotros, la invitación repentina, los chacales, las puertas cerradas, las preguntas sin responder y sobre todo, los bichos que prácticamente no vimos. Que poderosa es la mente que te hace creer cualquier cosa.
Antes de partir rumbo a Lima escribimos una pequeña nota en la que aclaramos "Los firmantes tenemos sospechas de la carga de este vehículo, pero por razones de nuestra propia seguridad nos mantenemos al margen de preguntar cualquier cosa, 1 de junio de 2010, 5:30am"
A mitad camino nos invade el remordimiento. Dejamos de ver al Rey de las mariposas como un narco despiadado. Nos cuenta de hace años le ofrecieron meterse en el negocio de la droga, pero el prefiere vivir de lo que le apasiona, los insectos.
Había hecho una pequeña fortuna exportando sus bichitos y era conocido en congresos y entre los eruditos de la entomología.
Ya en Lima nos invita a su casa. Millones de insectos yacen en cajas, de todas las formas, colores y tamaños, hermosos y repugnantes. El olor de la bencina penetra en nuestras fosas nasales.
Nos despedimos de él, felices de estar en casa de nuevo, sanos y salvos pero llenos de dudas.
Nunca más volvimos a verle, nunca reclamó sus fotos.
Esa fue la primera vez que viajé a a selva, la selva del Rey de las mariposas.


A.Benlloch

domingo, 6 de febrero de 2011


José y la espía


José era un campesino del valle de san Marcos, vivía sólo con su esposa en una pequeña casita de adobe con sus vaquitas y su chacra donde cultivaban para alimentarse.
José era otro líder comunitario, que como otros tantos, viajaba a San Marcos a menudo para seguir defendiendo a través de la palabra sus tierras.
Otros querían robárselas, sacar a los que como él, han vivido ahí toda su vida y venderlos por cuatro soles a cambio de unas tierras ricas en minerales por los que ser explotadas y destruídas.
Pero esta vez José estaba en el pueblo por otros motivos. Isabel su mujer, estaba enferma.
Nuestro primer encuentro no fue muy agradable. Imagino que cuando uno es mayor y ha visto todo lo que otros de piel clara y cabello claro le han hecho para intentar robarle, ya no puedes fiarte de ningún blanco.
Para José, yo era una espía. No se de qué, pero estoy segura que con ninguna buena finalidad. Nacida en un contienente rico, y no por sus tierras, sino por lo que es de otros.
Me acusó de ser espía, tener plata y querer robarles. Tres cosas que además se sumaron a la gran diferencia que entre ambos él decía existir.
“Peró José, igual no somos tan diefrentes como crees” le dije.
Como es un hombre sabio supo escuchar.
Le dije que mi familia, también era gente humilde. También fueron campesinos, artesanos… que de pronto, se vieron envueltos en una lucha que otros con fines propios organizaron, teniendo que cambiar el arado y el pincel por un fusil que nunca antes habían usado, salir al monte con unas viejas alpargatas roídas, con miedos y esperanzas de recuperar las tierras que habían sido suyas, el idioma que ahora les prohibian y la libertad que les estaban negando.
Le dije que yo nací en un país que roba, un país mentiroso y lleno de apariencias. Pero que también es ladrón de su propio pueblo y mentiroso con su propia gente. Y eso, es algo que pasa en todos los países incluso en el suyo.
Le dije que yo estaba ahí, y era quien era porque mis padres lucharon para ofrecerme una vida mejor que la que les tocó a ellos. Y que yo también luché por lo que creía y para llegar a alcanzar mis sueños.
Le dije que quizá nuestras pieles, tenían otro color y que nuestros ojos brillaban de diferente manera. Pero sin embargo, no éramos tan distintos como él creía.
Nuestras historias no eran tampoco iguales. Yo apoyo la lucha de José y señalo a aquellos que intentan acabar con la historia de estos campesinos. Quizá no desde su posición, pero haciendo lo que puedo desde el papel que me tocó en este mundo.
Antes de irme de San Marcos, José me dio un abrazo y me llamó compañera. Su sonrisa no fue un perdón, ni un lo siento por la desconfianza. Simplemente, fue la conexión de dos mundos lejanos y aparentemente diferentes que se cruzan, que comparten y se apoyan.


A.Benlloch