jueves, 14 de julio de 2011


La historia de mi familia


Todas las familias tienen una historia. La mía también.
No hace mucho me enteré de que mi tatarabuela era monja y se enamoró de mi tatarabuelo cuando éste fue al convento para hacer algunos arreglos de carpintería. Los dos se fugaron juntos una noche y de ese fugitivo amor nacieron nada menos que 13 hijos.
Mi bisabuelo aprendió a pintar siendo un niño, como antiguamente se aprendían los oficios y cuando no había alimento para todos, mi bisabuelo dormía y trabajaba en el taller de un reconocido artista como aprendiz.
Con la edad suficiente empezó su propio negocio; los abanicos. Oficio que alternaba con los cuadros, la poesía y el teatro.
Tras casarse y tener otra docena de hijos, estalló la Guerra Civil en España. Mi bisabuelo, que también entonces era Juez de paz, fue condenado a seis años de prisión el 7 de abril de 1940 por el delito de "Auxilio a la Rebelión Republicana, pena impuesta en Consejo de Guerra". Tan solo cumplió un par de años y lo dejaron en libertad condicional teniendo que presentarse ante el juzgado de Valencia cada poco tiempo. Cuentan que un señor muy conocido (no saben su nombre) y que en aquel entonces gozaba de prestigio y mucho dinero, se enamoró de los cuadros de mi bisabuelo y quiso llevárselo a Cuba, pero el se negó.
Mi abuelo, como la mayoría de sus hermanos aprendieron y cosecharon el amor por el arte.
El negocio de los abanicos pasó a convertirse en una tradición familiar que durante tres generaciones llenó las casas de mi familia de pan que comer y amor por la pintura.
Godella, el pueblo donde se asentaron mis tatarabuelos y donde crecí se jacta de ser un pueblo de artistas, músicos, escritores y pintores.
Pinazo y Sorolla se enamoraron de esta aldea de tejados azules y huertas infinitas. Donde la brisa del Mediterráneo baña sus bosques amarillos y al caer la tarde se siente el aroma del jazmín y los naranjos.
Dicen también que las mujeres godellenses son las mas bonitas de Valencia "de ulls clars y llavis vermells, palometes de colors repletes, entre roses y clavells".
Al menos así las describió mi bisabuelo en uno de sus poemas.
Mi hermano, mis primos y yo, somos los responsables de que los abanicos mueran en nuestros padres. Determinados también por un mundo donde la artesanía ya no te da de comer y la vida es tan rápida que no queda tiempo para los trabajosos adornos de los palmitos, las florecitas de colores y los infinitos detalles que visten sus telas y barillas.
De niña pensaba que todo el mundo en sus casas también tenía un taller donde jugaba con la pintura, con los platos amontonados llenos de manchas de colores o los pinceles alborotados y secos por el tiempo.
Pero como dije, cada familia tiene su historia.
Yo no quiero que la mía termine aquí, sino que de un salto hacia lo desconocido. Detrás mío llevo el aprendizaje de mi familia, su esfuerzo, su lucha y su rebeldía. En mi necesidad de expresarme, de aprender y plasmar lo que veo está la sangre se mi tatarabuela, mi bisabuelo y mi abuelo. Yo también soy parte de un relato que recién empieza y que mis padres me dieron la oportunidad de continuar.
Quizá los abanicos ya no sean parte de mi historia, pero habrán otras muchas que contar.


A.Benlloch

martes, 21 de junio de 2011

Señor Camps,


Hoy Camps juró y rejuró ante les Corts, con una mano en el corazón y la otra sobre el Estatut, que retomaría su cargo como President de la Generalitat por tercer año consecutivo de una manera leal y honrada, cumpliendo con sus menesteres para con el pueblo valenciano al que representa.
Con su traje de chaqueta ceñido al cuerpecito de rata cleptómana y un botón a punto de estallar sobre su mondongo, abdomen o guata de cuatrero maleante, el señor, también conocido como Chorizo Francisco Camps, sonreía manifestando unos diminutos dientecillos afilados de roedor, ante una multitud fascista, opulente, codiciosa, interesada y pancista postrada y obnubilada ante tan radiante luz que desprende Francisco, Paquito para los amigos Camps.
Que maravilloso ser éste, que rodeado de gente tan espléndida y lozana como Rita, alias usurera Formúla 1 o Fabra timador aéreo, y una larga lista de campechanos colegas de correrías y travesuras, nos hacen amar nuestras grandes riquezas históricas como Terra Mítica, La Ciudad de las Artes y las Ciencias, el esperado y más que espectacular nuevo y accidentado Hospital de la Fé, la Fórmula1, los grandiosos y húmedos campos de golf, la visita de un papito al que llaman gran salvador y defensor de los derechos humanos y la Copa America que colmó de velas blancas nuestro Mediterráneo. Para prioridades, las vuestras hermosos.
Será por algo que los jóvenes con ganas de revelarse, descubrir, progresar y vivir en un mundo lleno de grandes ideales y sueños cumplidos terminan marchándose de Valencia, o quedándose para convertirse en excluídos sociales por ser unos "antisistema".
Aceptar o estar fuera. Chupa y calla o te largas.
Será por algo digo yo, que en las últimas manifestaciones más de 50.000 personas salieron a las calles valencianas mostrando sus descontento ante un sistema que ni nos atiende ni nos defiende.
Pues no se señor Camps, como tiene usted la tranquilidad de espíritu y la gran caradura de prometer dichoso y radiante que va a ejercer correctamente su cargo cuando tiene tras de si varios juicios pendientes por corrupción y a mitad de la población infeliz.
Disculpe mi impertinencia pero, ni usted ni ningún holgazán como usted, que son muchos en las Cortes y el Congreso, me representa, si está ahí, es porque otros, no yo, ni muchos lo quisimos, así que no sonría tanto por favor.
Asuma sus responsabilidades de culpa, pida perdón al pueblo y renuncie con la poca dignidad que le pueda quedar a un cargo que sobra decir, le está demasiado grande.
No necesitamos ni queremos a falsos, interesados y dementes que hablen por nosotros, porque tenemos nuestra propia voz que supera con creces sus decisiones.
La lucha no cesa. Usted en las Cortes, protegido por delincuentes y convenencieros, nosotros, protegidos por la esperanza, la fuerza y el amor por una tierra que nos une, la tierra con la que soñamos y no la que ustedes nos venden.


A.Benlloch

sábado, 14 de mayo de 2011


Contra el asesinato y la corrupción


Si es cierto que yo no nací en Perú y por supuesto no viví aquí durante la dictadura de Alberto Fujimori. Pero parece que muchos peruanos tampoco vivieron esa época o la han olvidado por completo.
En concreto Lima, es una ciudad bien paticular. Según de donde seas y cual sea tu status social, puedes perfectamnete ser peruano pero no conocer en absoluto tu país, sus problemas, sus necesidades y las consecuencias que tus actos tienen para tu nación. Como el voto.
Como dije, quizá yo no viví de primera mano ese terrible periodo de corrupción, de asesinatos, de represión y falta de libertad de expresión, de miedo, de violación absoluta de los derechos humanos... pero no hace falta vivir algo así o verlo con tus propios ojos para saber que no está bien y que por supuesto no se puede volver a repetir.
Hablando de Lima en concreto, parece que quienes dan su apoyo a Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori, han olvidado que este hombre que fue elegido como presidente de la República fue condenado a 25 años de prisión por cometer delitos gravisimos como los de Barrios Altos, las desapariciones forzadas de la Cantuta, el asesinato y ejecuciones extrajudiciales en los sótanos del SIE donde se torturaron y asesinaron violentamente en su mayoría a estudiantes secuestrados por el grupo Colina, mandado por Alberto Fujimori, o el caso más sonado el de Gustavo Gorriti, recluido clandestinamente en los sótanos del SIE, Incluso, la propia esposa de Alberto Fujimori, Susana Higuchi, fue secuestrada y conducida a los sótanos en donde fue golpeada y mantenida drogada en un calabozo. Todo esto mientras Alberto Fujimori junto a sus amados y protectores hijos Keiko y Kenji Fujimori residìan en las instalaciones del SIE en 1991 y 1992. Condenado también por el sucio combate contra la subersión terrorista de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru donde más del 40% de los asesiantos y violaciones indiscriminadas hacia la población fueron delitos cometidos por las fuerzas armadas del Estado. Además de otros muchos crímenes que cometió de corrupción, compra de Medios de Comunicación, sin mencionar a Montesinos, jefe operativo de la organización delictiva denominada "Servicio de Inteligencia Nacional" (SIN), policía política al servicio del régimen de Fujimori, autora de múltiples violaciones de los derechos humanos.
No se me olvidan las más de 200.000 mujeres que fueron esterilizadas sin consentimiento en todo el Perú, a la fuerza o simplemente, a cambio de víveres como una política económica radical.
Y lo peor es, que no solamente parece que en Lima han olvidado todos estos hechos, sino que ahora le dan todo su apoyo a la hija de este asesino y corrupto dictador que está a punto de ganar las elecciones con una campaña sucia y depredadora llevada a cabo por los medios de comunicación de este país y con el ya conocido método populista que ejerció su papa de ir a los lugares más pobres y repartir polos, gorras y víveres a cambio de votos, mientras la educación sigue siendo una basura completa, la desnutrición de los niños es uno de los problemas más graves que tiene el país, y la falta de agua y la contaminación de las tierras a costa de las empresas extractivas extranjeras que son dueñas de todo el territorio peruano siguen siendo motivos de conflicto en toda la región.
No entiendo como la gente puede dar su voto y por lo tanto estar de acuerdo con todo lo mecionado arriba, sin contar lo que seguramente desconozco o he olvidado, pues Keiko Fujimori, sigue defendiendo abiertamente y con mucha seguridad la inocencia absoluta de su padre, autor de todos estos crímenes comprobados y sentenciados, y que ella nunca estuvo enterada de nada.
Yo lo siento, pero no me creo nada, no la creo a ella, ni a ningún medio de comunicación cuyos dueños son grandes empresarios propietarios de mineras y petroleras, de bancos y hacendados.
A ninguno de ellos, ni a Keiko, ni a su papa, y por lo que parece, a ninguna persona que apoya la candidatura de esta mujer, le importa mucho su país ni las personas que viven en él.
Quizá yo no nací en este maravilloso país, pero al menos cuando yo digo sin temores por qué nunca le daría mi voto a Keiko Fujimori, tengo infinitas razones para ello. Cuando pregunto a aquellos que si van a votar por Keiko cuales son los motivos de su decisión, no tienen fundamento alguno, o son discursos aprendidos de la televisión. El más repetido es "yo lo único que quiero es que la situación de mi país no cambie".
Pues lo siento pero si crees que la situación del Perú está bien como está, confirmo sin dudas mi idea de que ni conoces tu país, ni te interesa conocerlo.
Yo no puedo votar, pero si pudiera lo haría en contra de la corrupción y el asesinato.
NO A KEIKO, NO A FUJIMORI, NO A NINGUN FUJIMORI DE NINGUN PAIS NUNCA MAS.


A.Benlloch

miércoles, 4 de mayo de 2011

Rojo pasión


Mi abuelo me contó que cuando era niño durante la guerra civil española, mientras su padre estaba encarcelado por sus ideas y a punto de ser fusilado por defender los derechos de su pueblo y su lengua, él y sus hermanos se alimentaban de pieles de naranja para llenarse el estómago vacío. Fueron unos años difíciles, no sólo durante la contienda, también durante el periodo de dictadura y represión que reinó durante los siguientes 36 años. Me contó que un día, sentado en la vereda frente a su casa, con los pantaloncitos de felpa roídos y tan flaco como una caña, jugaba con la tierra haciendo surcos en ella. Una vieja franquista salió de su acaudalada casa armada con una escoba y lo sacó a patadas gritándole "Sucio rojo". Hoy sentí lo mismo que pudo sentir mi abuelo en ese instante. Quizá no me golpearon con un palo, ni me amedrentaron con patadas, pero las palabras mal intencionadas y llenas de odio fascista estaban en el comentario que hoy leí en el facebook justificando un video cuyo contenido había sido claramente manipulado por un conocido Medio de Comunicación del país. El comentario dice así “ya veo porque el país esta como está...porque acá se nota que habla puro rojo equivocado nada mas...”
Nunca entendí bien el término “rojo” mi planteamiento tanto en el terreno de las ideas como en la práctica política es de izquierdas… si pertenecer a la izquierda se refiere pertenecer a un segmento del espectro político que considera prioritario el progresismo y la consecución de la igualdad social por medio de los derechos colectivos, sociales. Frente a intereses netamente individuales, privados y a una visión tradicional de la sociedad que suele estar representada por la derecha política. Si pertenecer a la izquierda en el marco teórico supone defender una sociedad progresista, igualtaria e intercultural respetando multitud de ramas ideológicas… entonces, claramente soy de izquierdas.
Mi familia también es de izquierdas, aunque nunca me han educado dentro de una estructura política consolidada, simplemente han dejado que tanto mi hermano y yo decidamos libremente cual es el planteamiento que mejor se adapta a nuestras creencias y acciones en el mundo.
Por supuesto que la historia de mi país y la posición de mi bisabuelo y mi abuelo en ella han influido bastante en mi decisión a la hora de posicionarme claramente en la izquierda y por consecuencia ser una roja del carajo.
Si ser rojo representa ser comunista he de decir, claro que tengo una afinidad con los planteamientos teóricos que defiende el comunismo, me gusta leer sobre él y comparto sus bases filosóficas, aunque no todas ni a rajatabla. Como todos los planteamientos, creo que creer ciegamente en algo sin ser capaz de poder ver más allá o estar abiertos a otras versiones liberales o democráticas supone a la larga un anquilosamiento teórico y práctico de la situación política de un país.
No entiendo por qué algunos se empeñan en utilizar el término “rojo” como un insulto, o para infundir el terror. Claro que algunas prácticas dictatoriales han estado vinculas a estos planteamientos y por lo tanto a este color… pero actualmente el mundo vive anclado bajo una orden totalitaria, abusiva, intolerante, represiva, subyugadora, abusiva e injusta, que asumimos como necesaria y única.
Que color tiene el imperialismo, el capitalismo, la pobreza, el individualismo, el racismo y el colonialismo?
El gran problema de los partidos de izquierda de la mayoría de países, a mi parecer, es que no renuevan prácticamente sus organizaciones y mucho menos sus estrategias desde hace más de dos décadas. El mundo está en un constante cambio y cada sociedad de adapta a las características particulares de su territorio, ya sean climáticas, geográficas, culturales o simplemente históricas. No tener en cuenta estas cuestiones a la hora de adaptar un planteamiento teórico o filosófico conlleva una superficialidad en sus mejores aplicaciones.
Como dijo Lenin “Para conocer realmente un objeto hay que abarcar y estudiar todos sus aspectos, todos sus vínculos y mediaciones. Esto jamás lo conseguiremos por completo, pero la exigencia de estudiar las cosas en todos sus aspectos nos prevendrá contra los errores y la rigidez”.
Yo no me siento representada por muchos políticos que hoy, se jactan de simbolizar la izquierda mientras vemos como sus acciones políticas se alejan de las necesidades de su pueblo y las acciones sociales que son prioritarias en esta rama que supuestamente cuestiona el sistema capitalista y al que nos arrinconan como cerdos a punto de ser sacrificados sin consentimiento.
Yo soy de izquierdas y por lo tanto soy roja, pero ejerzo mis ideales del modo más sincero, desinteresado y honrado que puedo dentro de lo que el espectro humano y sus contradicciones me permite. Plasmando lo mejor de este marco teórico y que yo considero rescatable en el día a día y en aquello que está al alcance de mi mano.
Por lo tanto, aunque a muchos les pese o les parezca el peor insulto que pueden propiciar, he de decir, que yo me siento orgullosa de ser “roja”, y que me gusta este color que representa la energía, la pasión, la fuerza, el emprendimiento y la acción.


A.Benlloch

martes, 26 de abril de 2011


De valencià i quechua


La primera vegada que vaig llegir el poema del meu iaio, no pugui entendre tot el que volia dir. Parlava del meu poble, que també va ser el seu, de les flors, de'ls colors i de les dones. Fa massa temps que vaig llegir eixe poema, hui, tampoc entendria les mateixes coses que abans foren un altre idioma per a mi. El que a mi me queda del meu idioma, son tan sols les migages d'una societat còmoda que perd el seu propi llenguatge. Quan vaig escoltar de primera veguada a la gent del Perú parlant en quechua, vaig sentir una estranya connexió. Que lluny sentí que estava de la meua terra. Vaig comprendre de sobte que tenia més en comú de lo que aparentment pareixia amb eixes dones ataviades en faldetes de colors i capells de llana. Darrere del to de la pell o els traços de la cara estan l'amor i les pors. Elles parlaven el seu idioma baix el pes d'un altre impost que els seus antepassats havien aprés a costa d'assots. El meu iaio també va ser obligat a negar la seua llengua.
Aquest va ser el llegat que ens deixaren aquells que intolerants, bufons i egoistes han fet i desfet al seu pas, com si la llengua castellana fora l'única que mereix ser parlada. El Castellà, es ara el meu idioma també, i també es l'idioma de quasi tots els pobles de L'Amèrica Llatina, però no es l'únic i d'això pareix que l'obliden alguns. El valencià, com el quechua, son llengües cantades, que al oït vibren en melodies tendres i plenes de gràcia. Les paraules que en castellà poden sonar rudes o lletges en valencià com en quechua estan plenes de carinyo. D'una familiaritat que tan sols qui les parla o les entén pot comprendre.
Jo no tic la destrea que tenia el meu iaio per a escriure, ni tan sols parle la mitat de lo que ell volí dir. Tampoc tinc la gramàtica correcta ja que el meu idioma es mes una barreja de paraules castellanes i de Llevant que han terminant formant açò que ara parle. En la llunyania he tornat a amar la meua llengua, les meues costums, la forma de dir que té el meu poble. Jo també soc natiu, indígena de la terra a on vaig nàixer, com eixes dones indígenes que parlen quechua tímidament. També vinc d'una terra que està plena de ferides, silenciada, que pareix que últimament no fa mes que plorar sense res a canvi.
Vesc que el meu poble no te ganes de lluitar. Que la fortalea, la indignació, ja no te espai en el cor de la gent. En la serra i la selva del Perú ni han homes i dones que cada dia ocupen carreteres, se formen i demanen, que no son escoltades però igual barallen per la justícia i per ficar fre als atropellos que patissen, me'n recorde d'aquells homes que fa temps varen deixar sues terres valencianes per la emancipació de tots el pobles, treballaors i lliures de mentides, de possessions, plens d'esperança i sense pors.
Ara la gent te massa por, te massa vergonya. Com jo, de parlar mal el meu idioma, de escriure, de canviar.
El meu iaio parlava de coses boniques, del olor de la terra, de l'horta al es-començar l'estiu, de les mascletades i els menjars valencians. Jo no puc parlar d'eixes coses quan lo que sent es indignació, l'amor d'una terra que indiferent veu com se perden les seues costums a canvi d'una falsa modernitat que ens venen aquells que fan fortuna amb les nostres desgracies, la incomprensió i la ceguera d'un poble que no veu lo pareguts que som amb els altres pobles del mon i lo important que es respectar-mos i deprendre dels demés.
Si tan sols les persones foren capaços de vore lo pareguts que som i la riquea
que tenen les nostres diferències, potser, tan sols, el mon seria un poquet millor.


A.Benlloch

lunes, 4 de abril de 2011

La peluquería de Maruja


Todas le llaman Maruja, aunque su verdadero nombre es Maria de los Desamparados.
Desde hace más de 20 años peina cabellos, hace mechas y corta flequillos. Tiene su pequeño negocio en la Calle Montera de Madrid, junto a una joyería y una tienda de regalos y tarjetas.
Su peluquería es chiquita, siempre le ayudó Candelaria, que no es peluquera. Antes fue prostituta.
Dejó el negocio gracias a Maruja, a quien conoció en la peluquería. Todas las chicas del barrio la conocen.
Ella peina sus cabellos y las deja listas para una noche de carrera. Maruja abre hasta tarde, así puede conversar con ellas.
Sasha es de Moscú, llegó hace un par de años a Madrid, tiene el cabello largo hasta la cintura y oscuro, es tan delgado que casi parece flotar. Le gusta como Maruja logra darle volumen, se parece un poco a Anni Lyngstad, la cantante de ABBA.
Sheila es española, nació en un pueblo de Sevilla, pero vino a vivir a Madrid cuando aún era pequeña. Le gusta recordar la casa donde vivió de niña, siempre habla de regresar a su pueblo, nunca le gustó la ciudad, pero en Madrid se gana más.
Rosario y Camila vienen de Colombia y El Salvador. Rosario es habladora, siempre habla de sus hijos y el momento en que volverá a verlos. Juan Carlos tiene catorce años y Alejandro seis. Quiere traerlos de Medellín, pero espera dejar antes las calles. Maruja le ayuda a escribir cartas para sus hijos donde cuenta que trabaja en un almacén. Cose chompas y casacas, siempre se le dio bien tejer.
Camila no habla mucho, ninguna conoce su historia, lleva poco tiempo en Madrid. Rosario se hizo su amiga y la lleva donde Maruja. Allí se sienta en la silla, pero no se deja hacer nada en la cabeza. Siempre camina con su trenza. Solo para trabajar se suelta el pelo, que es largo y grueso.
A medianoche cierra el negocio, las chicas salen a la calle y se colocan en sus puestos. Se despiden hasta mañana, fuera de la peluquería la competencia es exigente.
Solo cuando suben a un carro se miran y sonríen.
Maruja abre a las 9. A las horas empiezan a llegar las primeras.
Allí no son prostitutas, solo mujeres; hablan, se ríen y se peinan el cabello.


A.Benlloch

martes, 29 de marzo de 2011


La vuelta al mundo


Desde que tengo memoria he querido hacer muchas cosas en mi vida, cambiaron algunos de mis gustos, he pasado por cientos de etapas y he conocido a tantas personas que me es imposible recordarlas a todas.
Pero hay algo con lo que siempre he soñado y sigo deseando con el mismo afán que de niña: dar la vuelta al mundo. Y no hablo de subirme a un globo como Willy Fog para regresar en 80 días. Siempre me imaginé mochila al hombro, encima de los trenes o haciendo dedo en alguna carretera de la Pampa. No se si influenciada por los libros que leía o por algunas películas, pero siempre, vi el mundo, como un lugar demasiado inmenso, demasiado hermoso y demasiado sorprendente como para dejarlo pasar.
Nací en un pueblo pequeño y tranquilo bañado por el Mediterráneo, donde casi todos nos conocemos o somos familia, lo que me dio mucha libertad desde pequeña. Aunque la belleza de los cielos valencianos, de sus huertas y bosques nunca fueron suficientes para mi. De algún modo, siempre me sentí asfixiada por ese lugar.
Mis primeros viajes solo fueron pequeños piqueos de un plato que estaba aún por cocinarse. Solo cuando crucé el charco sola, con mi mochila a la espalda y el dinero justo de tres meses de trabajo intenso en mi bolsillo, sentí que empezaba a volar de verdad. No es fácil llegar a un país extraño sola, llena de miedos y sin saber muy bien que puede pasar. Cuando lees libros de aventuras todo parece mas fácil y accesible. Solo con el tiempo comprendí, que la verdadera magia está en la vida real.
Cuando viajas siempre crees de un modo u otro que has de regresar. La tierra tira demasiado fuerte, y así fue por momentos, los mas difíciles. Cuando estas enferma, cuando estas triste o te sientes sola y no hay nadie a quien abrazar. No es fácil hacer amigos, amigos de verdad, de esos con los que no hace falta justificarse porque te conocen tan bien que las palabras están de más. Cuanto mas tiempo pasas lejos, mas frío se vuelve el dolor.
Es duro separarse de las personas que amas. Alejarme de mis padres, de mi hermano, de mis amigas, de mis abuelas, de mis primos, de mis tíos y de mis perras, es la decisión más difícil que he tomado en mi vida. Y es algo que sufres cada día, que de algún modo pagas porque nunca sabes que puede pasar y el tiempo que no estás con ellos es tiempo que no voy a recuperar nunca. Pero esto, es algo en lo que intento no pensar.
Viajar es como respirar para mi.
De niña escuché muchas veces la frase "ya cambiaras tu forma de ver el mundo cuando crezcas", pero esto, es algo que nunca se te va. Lo que tengo claro, es que yo jamás le diré algo así a nadie. Que a muchos adultos se les haya olvidado soñar no significa que a todos nos tenga que pasar lo mismo.
Ahora de nuevo, siento que el mundo gira y gira, que me llama como cuando devoraba los libros o me sentaba en la terraza viendo las luces del mar. Soñando con llenar mi mochila y volar, con subirme al techo de un tren o hacer dedo en la pampa.
El tiempo que haga falta, que el mundo es muy grande, y darle la vuelta entera puede ser un viaje muy largo.
Pero no tengo prisa. Tengo aún toda la vida por delante.


A.Benlloch